La cesta de Navidad moderna, o cómo abordar los regalos de una manera diferente

Hacer regalos a los niños es tremendamente fácil, ya que crecen rápido y siempre necesitan ropa nueva, mientras que sus gustos y habilidades cognitivas varían y evolucionan cada año. Sin embargo, yo me veo siempre en un aprieto cuando tengo que buscar un regalo para una amiga soltera que tiene ya de todo, o peor aún, para un abuelito que ya no necesita prácticamente nada. Supongo que lo mismo les ocurre a ellos si tienen que regalarme algo a mí, con todas mis manías y rarezas. Valga el ejemplo (verídico) de una buena señora que me regaló en cuatro años sucesivos cucharillas de postre, cucharillas para helado, cucharillas para sorbete con pajita y cucharillas de plástico para huevos a media caña –que no sé ni cómo se cocinan. Atónita ante aquella incongruente abundancia de cucharas en miniatura acabé por hacerle una propuesta: hacernos sólo regalos consumibles (ya que la palabra útil parece tener un significado distinto para cada persona).

Los regalos de Navidad... eterno quebradero de cabeza.


“Como si fuera una cesta de Navidad”, le expliqué con mucha delicadeza.

Yo nunca he tenido una cesta de Navidad oficial. Es más, hasta hace poco pensaba que eran cosa del pasado, porque no conocía a nadie de mi generación que hubiera recibido nunca nada parecido (a no ser que cuente el año en que la empresa me regaló una sudadera con su logo). Al parecer las costumbres entrañables del pasado se borraron con la crisis. Aún recuerdo con ternura cuando mis padres recibían su caja todos los años, y la ilusión que nos daba abrirla e ir descubriendo qué tesoros guardaba. Ilusión que a veces quedaba un poco empañada tras abrir los paquetitos y comprobar que estaban medio vacíos, víctima de una curiosa moda consistente en usar envoltorios mucho más voluminosos de lo necesario para que la cesta pareciera más grande.

Así que en tras muchos rascones de cabeza, montones de trastos inútiles y recuerdos del pasado llenos de añoranza, en varias ramas de la familia hemos llegado al acuerdo de regalarnos entre los adultos cestas navideñas a nuestra manera y dejar de lado los regalos más permanentes (por ejemplo, las cucharas).

La prueba: parte de mi colección de cucharillas recibidas durante varias Navidades pasadas: de izquierda a derecha: para café, para postre, para helado, para huevos pasados por agua… (!)

Las cestas las combinamos a nuestra manera y son especiales para cada persona. Con ello nos aseguramos de que todo lo que hay dentro sea a nuestro gusto y de que no haya paquetes medio vacíos sólo para aparentar. A mí por ejemplo, una cesta “clásica” me sería muy poco útil: el codiciado jamón serrano no me interesa demasiado, alcohol no bebo, y los dulces con manteca de cerdo me dan un poco de miedo. Sin embargo, reconozco que tengo muchos caprichos gastronómicos relativamente caros que no me importa recibir como regalo porque no suelo comprármelos nunca.

Algunos ejemplos de cestas navideñas personalizadas podrían ser:
  • Para la amiga deportista: proteínas de cáñamo o de guisante, un bote de mantequilla de cacahuete eco, barritas energéticas, champú de uso frecuente sin detergentes ni siliconas… y los siempre sufridos calcetines de deporte (que no se comen, pero sufren desgaste).
  • Para la suegra hogareña: un bote de miel de abejas, moldes de papel para madalenas, azúcar de coco, harina integral ecológica, piñones, nueces y avellanas, una garrafa de aceite de oliva virgen extra…
  • Para el abuelito goloso: una caja de sus turrones y mazapanes preferidos, y si es diabético que sean sin azúcar (por ejemplo en la tienda deDelaviuda creo que puedes crear tu propia combinación), una suscripción al periódico semanal, o directamente lo llevas a tomar chocolate al centro una tarde y le dejas que te cuente batallitas durante tres horas,
  • Para el amigo »gourmet«: un par de botellas de vino o cava de calidad, pan de higos, un queso manchego…
  • Para la mamá ecologista: un paquete de té blanco bio, un litro de zumo de aronia, medio kilo de bayas de goji, jabón en pastilla sin lauril sulfato de sodio ni aceite de palma, polvo de clorela y espirulina, mantecade karité para hacer crema antiestrías

Creo que con estos ejemplos se puede ver bastante bien cómo funciona nuestro sistema de regalos. A mí me gusta meterlo todo en una bolsa bonita, o envolverlo en celofán y ponerle un lazo bien grande, a ser posible con una dedicatoria.



Una variante es también el regalar »experiencias«. Personalmente me parece bien y nunca me quejo si alguien me regala un vale para un masaje, pero creo que queda un poco pobre entregar en la mano un sobre sin más. El peor inconveniente que le veo es que estos vales y cupones a menudo se pasan de fecha sin ser utilizados, porque todos llevamos vidas ajetreadas y se nos olvida que los tenemos (aparte de que no a todo el mundo le interesa que lo mandes un día al campo a hacer zorbing). Yo lo que suelo hacer es meter el vale en la bolsa junto con algún que otro regalito menudo (por ejemplo, una tableta de chocolate).

Por el momento todos los regalos hechos y recibidos han sido un éxito, y llevamos ya varios años con esta práctica. El hecho de que regales una cesta de Navidad no conlleva necesariamente que el regalo sea barato: más bien te da flexibilidad a la hora de decidir cuánto te gastas.

¿Qué os parece, os gustaría hacer algo parecido con vuestra familia o preferís los regalos más clásicos? ¿Alguna vez tenéis problemas para decidir que regalar? Si organizáis los regalos de Reyes de alguna manera epecial me encantaría leer vuestras experiencias. 

10 comentarios:

  1. a mí me gustan las experiencias, pero no las cajitas esas, sino los vales pensados para mí

    aunque a las cestas y a la comida no le hago ascos nunca! XD

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  2. Me gusta el concepto de regalos consumibles! En cuanto lo consumes ya no ocupa espacio. Si no al final acabamos con la casa llena de trastos y no sabemos qué hacer con ellos. Mi favorito es el pack del abuelito goloso, ¡me chiflan los turrones y los mazapanes! :)

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  3. Yo no consumo Navidad, pero para regalos los hago con cestas de comercio justo casi siempre.
    Un saludito

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  4. madre mia, me regalan a mi una cucharilla y se la pongo en la nariz mismamente, anda que.... y la que te da dinero y te dice... comprate lo que quieras!! joder, moléstate un poquito que yo soy muy facilica de regalar. En todo caso mis "directos" usease, marido y madre, me preguntan lo que quiero y me lo regalan , quitando así toda la emoción pero asegurando el triunfo...jajaaaa, besicos

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  5. Me parece muy buena idea y si tuviera que elegir una seria la de mama ecológica, las experiencias también me gustan pero me pasa como a ti que me parecen muy pobres. También me gusta la idea de que los regalos sean de segunda mano pero por aquí la familia no comparte mi opinión así que de momento un poco de todo, depende de a quien se regale
    b6

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  6. Me encantan estas ideas! Yo suelo regalar vino, aceite, nueces.... Lo que tenemos de casa.
    Muchos besos y felices fiestas guapa!!!

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  7. Pues mira, entres tus cucharillas y mis tazas podemos montar una cafetería, porque hubo una época en que todo el mundo me regalaba tazas y jarras, porque como me gusta tanto el té... (que digo yo, que sabiendo que me gusta ya deberían suponerme bien surtida...)
    La verdad es que una cesta consumible soluciona mucho y además se puede compartir. Yo las dejo para casos en los que de verdad no sé qué regalar....
    ¡Besitos!

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  8. A mí también me gusta hacer regalos consumibles, estas Navidades a mi suegra le va a tocar una botellita de vino de Málaga (que le encanta) y a mi marido unos mazapanes sin azúcar (entre otras cosas, se entiende ;-)). Pero lo que más me gusta es regalar cosas DIY, lo malo es que por mucho que me lo propongo, al final siempre me pilla el toro, así que este año habrá quien reciba un atrapasueños, pero el resto es comprado :-(, aunque con mucho cariño. El truco para saber qué regalarle a la otra persona está en meterse dentro de ella, es algo meditativo. No se trata de regalar lo que yo quisiera que me regalaran (porque al final me entra envidia y estoy por quedarmelo yo, ja, ja), ni de comprar cualquier cosa para salir del paso, sino de empatizar, de conectar y soltar los pensamientos comecoqueros de "y qué puñetas le regalo a...", y entonces zack, salta la liebre en forma de idea tipo Wickie el vikingo. A mi suegro este año le voy a regalar un juego para que juegue al solitario (es que a mi suegra no le gusta nada jugar y nosotros estamos lejos), así se entretiene y ejercita las capacidades mentales y motóricas de los dedos.
    Besitos!!

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  9. Hola. Antes de ayer descubrí tu blog y me he enganchado a leer casi todas tus entradas. Me parece fantástica la manera de pensar que tienes y quiero aprender de ti. Me he dado cuenta de que hasta ahora me he preocupado pero no lo suficiente por el respeto del planeta y tu blog me ha dado energías para cambiar cosas de mi vida diaria e ideas de como hacerlo, sobre todo.

    Es increíble que exista gente como tu familia, maravilloso. Sobre todo tras conocer familias que le da absolutamente igual el medio ambiente, no reciclan, ni siquiera las pilas, dejan caer el agua como si no tuviera fin (incluida cisterna de su casa que no quieren molestarse en arreglar desde hace años porque el gasto del agua se divide -el total- entre toda la comunidad de vecinos), dejan encendida la tele mientras no están, no paran de comprar regalos (cosas nuevas innecesarias)... Me gustaría saber cómo poder concienciar aunque fuera un poco a esta gente tan egoísta.

    Y me gustaría saber muchas más cosas de tu familia, ¿dónde compráis la fruta y la verdura ecológica? ¿Por Internet? ¿Cuál es tu receta de detergente y suavizante para la ropa?...

    Por cierto, me gusta mucho como escribes.

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