¿Por qué comprar cítricos ecológicos?

Probablemente habréis notado que siempre que uso en alguna receta ralladura de limón o piel de naranja hago hincapié en que los cítricos deben ser siempre de cultivo ecológico, sobre todo si vamos a usar la piel. Pero, ¿por qué? ¿Es un capricho mío, o existe alguna razón de peso para ello? Veamos...



La próxima vez que vayas al supermercado puedes detenerte delante de las mallas de naranjas (o limones) y tomarte dos minutos para echar un vistazo a las etiquetas. A lo mejor te encuentras con una parecida a ésta:

Receta de sopa de patatas extremeña

Hace muchos años, cuando aún era una estudiante incapaz de darle la vuelta a una tortilla, una amiga me regaló un precioso recetario de cocina española. Más tarde, cuando conocí al Arándano, me independicé y me puse a cocinar por mi cuenta, descubrí que aquellas fantásticas recetas de las fotos no iban a servirme de mucho, porque prácticamente ninguna era vegetariana. Antes de jubilar aquel libraco por completo hice una criba y, por desgracia, muy pocas se salvaron. Sin embargo, entre las elegidas quedó esta sencilla sopa de patatas, que en tantas ocasiones me ha sacado de un apuro:


Podría decirse que la sopa de patatas es una joya de la gastronomía española vegana, y cuenta con las ventajas de ser facilísima de hacer, con pocos ingredientes que una siempre tiene por casa y además es de lo más asequible que hay. Es una cena ideal de entre semana, para esas noches de invierno en que lo que más apetece es quedarse en casa y esconderse debajo de la manta del sofá. Pese a su humildad destaca por el inconfundible aroma del Pimentón de la Vera, uno de los productos típicos de Extremadura que más me gusta y que siempre tengo a mano en la cocina.

Piruletas de agar sin azúcar

Hace tiempo os contaba mis problemas con los amigos de Arandanita y la comida poco sana. Lo que he notado con el paso del tiempo es que cada vez es más difícil evitar que entren golosinas en casa (lo sé, lo sé, qué sorpresa...). Es increíble la cantidad de gente que se las ofrece con la mejor voluntad del mundo (me pasa con las cajeras del supermercado, con monitoras infantiles, ¡e incluso en el banco!).  Por si fuera poco, un día viendo sus dibujos animados preferidos se pasaron medio capítulo haciendo alabanzas de las piruletas. Oh, no. Parece mentira, pero cualquier cosa que salga en unos dibujos animados se vuelve de pronto fantástica (una se pregunta por qué no hacen dibujos donde se lo pasen bomba tocando el piano y leyendo a Tolstoi). Resultado:

- Mamá, ¿qué es una piruleta?
- Mamá, yo quiero una piruleta.
- ¿Hay piruletas de limón? ¿Y de fresa? Yo quiero una piruleta rosa.
- Mamá, ¿podemos comprar una piruleta?
- (Y así hasta el infinito).

¡Noooo! Odio el azúcar. Odio las golosinas baratas y llenas de colorantes. Pero comprendo que negar una piruleta a un niño que está rodeado de ellas es muy MUY mala idea y una receta segura para que los caramelos se conviertan en ese oscuro objeto de deseo. Así que, aprovechando que Arandanita es todavía una renacuaja, decidí darle el cambiazo con piruletas caseras, sin nada de azúcar y totalmente naturales, hechas mayoritariamente con fruta triturada. Y el resultado fue éste:

receta de piruletas sin azucar
Piruleta parece, azúcar no es.

¿Lo mejor de todo? Que me ayudó a hacerlas, porque es tremendamente fácil, y con ello se volvieron todavía más atractivas. ¿Lo peor? Tampoco es que sea una gran desventaja, pero sí, son diferentes de las piruletas normales. Dado que están hechas con agar agar, que es gelatina vegetal, su textura es más parecida a la de una gominola. Por el momento no he encontrado la manera de hacer piruletas de consistencia dura sin usar azúcar o algún otro edulcorante.

Ecología y compras online

Tengo una confesión que haceros: compro muchísimas cosas por internet. Lo cual, para alguien que intenta seguir un estilo de vida más o menos ecológico, es una contradicción, supongo. Al menos hasta cierto punto, ya que sería mucho más sencillo, barato y sostenible poder evitarme envíos, paquetes y transporte, y así reducir mi huella de carbono, ¿no? En principio sí, pero la respuesta no es tan sencilla como parece a simple vista...

Supongo que mi principal problema es que el barrio donde vivo cuenta con poco más que un supermercado diminuto, una frutería donde las manzanas tienen inquilinos y una tienda de ropa anclada en 1996. Por mucho que apoye el comprar ropa nacional o de segunda mano es imposible hacerlo en varios kilómetros a la redonda, y conseguir productos medianamente exóticos (digamos, leche de avena) supone un viaje en coche hasta algún centro comercial.



Generalmente la mayor parte de la comida intentamos comprarla los sábados en el mercado, si puede ser directamente de los agricultores, y si no en comercios de alimentación ecológica