Mecedora Restaurada

Hace ya un par de años me encontré en el sótano una mecedora solitaria en medio de un montón de tablones astillados y televisores del año de la picor. Fue amor a primera vista. Corriendo subí a casa a escribir una nota con mi teléfono y la dejé pegada en el asiento. Pasó una semana. Y dos. Y tres. Y un buen día, cuando ya me había olvidado por completo del asunto, me sonó el teléfono:

-Buenos días, soy el de la mecedora.

¡La mecedora! 

-Si la quiere llévesela, a nosotros no nos hace falta. Y que se meza usted bien.

Si no hubiera estado en el trabajo me habría puesto a dar saltitos de alegría, pero tuve que contenerme.

Y claro está, esa misma tarde fui de cabeza a buscarla y a esconderla en nuestro piso, no fuera a ser que se la llevara algún desvergonzado.


La mecedora tenía un color marrón oscuro horrible y el asiento estaba desgastado después de muchos años de acomodar señoras haciendo calceta. Por desgracia no tengo ninguna fotografía, pero voy a intentar encontrar alguna parecida en la red.

Lijarla fue un suplicio, pero al final salió a la luz la madera. Después le di varias manos con pintura blanca muy aguada, para que quedaran visibles las vetas del material. Por último la terminamos con laca transparente, y así fue como quedó:

Mecedora reciclada
La mecedora restaurada

La mantita es para darle el toque abuelil que le corresponde, porque al fin y al cabo es mucho más vieja que nosotros y hay que respetar a nuestros mayores. A veces le hablo de usted y creo que le gusta. ¡Y me mezo más bien que bien, tal y como me deseó su anterior dueño!

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